sábado, 23 de abril de 2011

Nocturno

Al ritmo del sonido del piano, golpeado suavemente por esas manos que acarician las notas que vuelan por el aire y que luego respiro, entrando por mi nariz, recorriendo milímetro por milímetro cada espacio dentro de mi cuerpo; envolviendo cada una de mis células y llenándolas de dulce melodía; melodías que me hacen soñar, volar, querer un poco más, ese anhelo que todos buscamos y que no nos atrevemos de reclamar como nuestro.
Es como un viaje fantástico en otra época recorriendo el tiempo en la oscuridad de una habitación, dejándose ver solo por una tímida, pero fuerte chispa de luz que traspasa por la ventana, reflejando al fabricante de esa armónica melodía.
Es suave, es dulce, pero sobre todo encantadora, como si fuese hecha por los Dioses para deleite nuestro, solo el respiro de paz y tranquilidad que nos transmite, hace que cada segundo que la escucho sea como la ultima, que llenara cada rincón vacío y hueco por el empolvo del tiempo. Dulce melodía, si eso eres dulce melodía, tu sola armonía y tus juegos de altos y bajos refrescas mi memoria, la haces ser más yo y menos él, a cada quien con lo suyo, yo me quedare aquí donde la luz me pueda alumbrar y pueda ver por donde andaré los últimos días escuchándote pasar, y viendo cómo te marchas para dejarme solo aquello que no puedo detener.
Escucho tus pasos a lo lejos que se retiran como el vaivén del viento, susurrando a las ramas de los arboles, golpeador de suertes que traes consigo lo que has recogido en tu viaje y que hoy trajiste a mí como un regalo que no merecía, pero que ahora te vas como has venido, vete que ha llegado tu momento de partir, no te menosprecio pero creo que es hora no  ha de ser que te distraigas en el camino y no llegues a donde debes y no nos volvamos a ver la próxima primavera para abrazarnos juntos como dos grandes amigos, amantes que nunca se olvidan, como la noche y la mañana, el sol y la luna el otoño y el invierno, siempre será así, y nunca dejara de ser. Solo los grandes astros que habitan en los cielos y sus confines podrán ser nuestros testigos hoy porque mañana ya no será más y cuando vuelva el momento de encontrarnos nuevamente, ahí estaré en el mismo lugar en donde nos dejamos, ahí te estaré esperando para abrazarte como la primera vez que lo hice, con la misma pasión y fuerza que me ata a ti; no lo olvides aunque parezca que te no te recuerde, en mi memoria estarás y como imágenes en flujo estarás en mi mente, para si no olvidarte.
Hasta entonces, que así sea, por siempre.

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