Siento como la noche, con su negra
oscuridad, llena de tinieblas, inunda mi vida, ha colmado cada rincón, ha hecho
estragos con cada paso que avanza.
Un callejón sin salida, con sabor a ajeno
acarreando crueldad en las palabras que cruzan por sus labios, encarnizados de
oído y rabia, marcados por un pasado que nunca tuvo principio ni final, pero
resulta ser hermosa al parecer de quien la mira, sintiéndose satisfecha de lo
sucedido.
Anochece con un cálido suspiro a dolor,
callados entre la espada y la luz que aún quedan, esas piscas; rayitos de
esperanza llenando un vacío que ha pasado mucho tiempo en el desierto, seco y
desolado, una tristeza que embarga como agua atravesando una montaña tocando
cada orilla y llevando una gota de prosperidad, que suavemente acaricia,
tiernamente como una cálida mejilla roja esperando por ti para dejarse sentir
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